domingo, 7 de abril de 2024

"El jubilado"


Relato corto: humor negro?

Autor: Antonio Méndez Campuzano


Capítulo 1: asesino.org

-la primera vez que me fijé bien en ella, fue después de ponerme las esposas. -Qué fea-, pensé, -fea y por cómo se movía, diría que también torpe-.

-¿De verdad pensaste eso?- le pregunté sonriendo después de escuchar la contestación a mi pregunta

-!!Pero qué infravaloradas están las feas y las torpes¡¡- replicó.

-jjejejjejejej-, no pude más que reír y de mi boca salieron sonoras carcajadas, que relajaron el ambiente. Me vino bien ser tan espontaneo y natural.

 La verdad es que la entrevista estaba siendo muy amena y por cómo se iba presentando la cosa,  muy productiva; el material que poco a poco se iba introduciendo en mi grabadora escupiría un buen artículo. La vida de Antonio y las 1000 muertes, me granjearía algún que otro premio y quién sabe si un buen libro.

 -¿A quién mataste por primera vez? le pregunté seco, sin vacilar, introduciéndome en el tema que me había traído hasta aquí y hasta él.

Iba a contestarme cuando le interrumpí; me eché hacia delante apoyándome en la mesa que nos separaba y en voz baja le comenté: -sabes que en esta celda podría haber micrófonos y que lo que digas pueden oírlo?

-A mi padre-, me respondió haciendo caso omiso a mi advertencia.

 Y sin dejarme tiempo a reaccionar, comenzó a hablar, a contarlo todo sin tapujos.

-Mi padre pegaba a mi madre desde que era un niño. Cuando crecí intenté defenderla y entonces, descargaba su furia conmigo. Después de propinarme una seria paliza, la pegaba a ella también, pero con menos fuerza y violencia. Y así día tras día.

A los 16 años, queriendo escapar de ese mundo de locos, me alisté en el ejército. Me tomé en serio ponerme en forma y aprender el uso de las armas; y  tras demostrar mis habilidades, pronto me ofrecieron entrar en operaciones especiales. Por mi manera de arriesgar la vida y mi fe ciega en los mandos, me propusieron, más tarde, entrar en un grupo clandestino creado por el Ministerio del Interior, para digamos, hacer desaparecer a ciertos individuos molestos para el sistema.-

-Así que maté a mucha gente, y la verdad, se me daba bastante bien. Demasiado bien, creo-, dijo antes de guardar silencio.

 Miró hacia otro lado, como si no me viese y observando una pintada que había en la pared, sin hacerme demasiado caso, prosiguió con su relato.

-Un día me comunicaron que mi madre había muerto. Podría haber indagado en las causas de su muerte, teniendo en cuenta la cantidad de contactos que fui haciendo en la policía y la de favores y silencios que me debían. Pero no lo creí necesario.

Lo esperé en una calle oscura, sabiendo que ese sería su recorrido para volver a casa después de emborracharse con sus apestosos amigos, y allí, sin decirle ni hola, le corte la garganta con mi navaja de 7 muelles. Le agarré de la camisa para que no cayese al suelo y mirándolo a los ojos, le escupí. Y cuando las piernas le temblaron, lo dejé caer. Le robe la cartera para simular un robo y dejé una papelina de heroína ya gastada para simular la típica tarea de un yonqui.-

En ese punto del relato , calló. Dejó pasar un  espacio de tiempo en silencio y entonces volvió la mirada sobre mí.  Parecía orgulloso de lo que acababa de contar, dándole a la historia un cierto morbo criminal de locura.

-Cuéntame eso de eliminar personas en el Ministerio del Interior, a que te referías?

-Pues a lo que suena, no hace falta estudiar periodismo para sacar una conclusión- me respondió ligeramente enfadado, como si la pregunta le hubiera molestado.

-Perdona,- le respondí inmediatamente disculpándome, no quería que dejara de hablar, debía de medir bien mis preguntas si quería que se relajara y siguiera contando la historia sin dejarse nada.

- Me refería que cuentes un poco más sobre ese tema-.

-Por publicar esta historia podrían matarte a ti también-, me respondió ligeramente divertido.

-Me arriesgaré, necesito comer- le contesté, obviando mis ganas de ser un periodista famoso.

Poco a poco, entre datos un poco absurdos y abstractos, terminó cantando: dio nombres de sus jefes, nombres de los "evaporados", como ellos los llamaban, y contando algún que otro caso anecdótico, como el que fue su último trabajo.

-Un terrorista del grapo, un cabrón que había matado a niños y a sus madres con un coche bomba. Nadie quería su juicio, que saliera en los medios y que los derechos humanos lo terminaran de convertir en un héroe para los suyos. Lo maté con mucho gusto, pero sin utilizar los medios habituales.

-¿Medios habituales?

-Si, que pareciese un accidente, y no un asesinato. Pero no me pude dominar y le rajé el cuello como hice con mi padre-.

Eso me supuso la desconfianza de mis superiores y  que poco a poco  me tomaran por un inadaptado, alquien de poca confianza que les traería problemas. Terminaron por expulsarme  del cuerpo, me jubilaron, vaya-.

 

Me quedé petrificado con la grabadora en la mano: desde luego, nunca creí que esta entrevista fuera a ser tan buena, la verdad, la cantidad de material que estoy sacando y todavía no hemos entrado de lleno en el tema que me trajo aquí: los 1000 asesinatos de maridos, supuestamente a manos de sus esposas.

La charla, los datos que me estaba proporcionando eran de periodismo de investigación, podría ser la bomba. Me puse nervioso, me levanté y caminé sudoroso por la celda.

-Todavía no hemos acabado- me dijo.

Quizás noté un poco de miedo en su expresión, miedo a que me marchara. Así que no me corté, era el momento de tratar el tema que me trajo hasta aquí.

-Y que me dices del asesinato de los 1000 maridos, cuéntame eso-, le pregunté sentándome otra vez y subiendo un pelín la grabadora, por si se quedaba demasiado lejos de su boca.

-jejjejejje, eso fue un trabajo de jubilado sin importancia- me dijo entre carcajadas, -casi por pasar el rato-.

-¿Como que trabajo de jubilado?- le repliqué haciéndome el extrañado, interesándome por el tema

-Sí, ya te dije antes, que después de cortarle el gaznate al puto terrorista ese, decidieron que me estaba excediendo y que mis actos ponían en peligro el secretismo del programa "evaporados". Había muchos altos jefazos de la política y la policía  implicados en estos trabajos y les parecí una persona poco de fiar.

-Venga, no te vayas por las ramas, dime algo más sobre el asesinato de los esposos.

 Rió de nuevo.

- Ya te dije que lo hice para entretenerme. Bueno y  también para sacarme algún dinerillo extra, que los cabrones del Ministerio me dejaron mas tirado que una colilla. Después de tantos y buenos servicios, me dieron una jubilación mínima y un bono para la consulta de un psicólogo-.

-Puse un anuncio en las redes oscuras, gracias a un amigo que me debía favores en tecnológicas de la Policía Nacional y no tarde mucho en recibir peticiones por mis servicios. No quería trabajar para el estado, ni para millonarios deseosos de quitar de en medio a un socio, ni nada de eso. Mi anuncio rezaba: me ofrezco para ayudar a mujeres que por destino de la vida, se equivocaran al casarse y no saben cómo salir de ahí. Precio, la voluntad.

-Lo de tu padre te llegó al alma, no?- le comenté sin intentar herir sus sentimientos, quería ver su lado humano si es que lo había.

Sin hacer mucho caso a mi pregunta, siguió con el relato del anuncio publicado en el internet negro.

-La primera supuesta clienta, era una mujer joven. Según ella, su marido la golpeaba a diario y la violaba salvajemente. Los días más tranquilos sola la insultaba y la pegaba con una vara de olivo. Decía que eso la purificaría.

Decidí entrevistarme con ella en persona, debía darme una foto de su marido y pagarme, claro. Cuando llegó la miré a los ojos y verifiqué con solamente ese gesto, que decía la verdad. En sus ojos vi la angustia y el miedo que veía en los ojos de mi madre. Cogí el dinero y le pregunté si deseaba alguna muerte especial.

-No, no lo sé, en verdad no sé si estoy haciendo lo correcto-, me respondió con ciertas dudas y con horror en su rostro.

-¿Prefieres que siga golpeándote hasta que un buen día te mate?-, le dije sin mostrar sentimiento alguno.

No dijo nada, me dio la foto, un sobre con dinero y se marchó.

Di por hecho que oficialmente estaba contratado y claro, yo soy un profesional de palabra, de esos que hace lo que dice, sin contrato y sin dar la mano siquiera. Así que lo maté, lo degollé con gusto, pare ser sincero. -

-NO sientes nada al matar?- le pregunté par ahondar más en el lado de los sentimientos.

-Una pregunta tonta más y te rompo la grabadora y te la meto por el culo, de acuerdo?- inquirió con tal frialdad que me dejó helado. Tanto, que la simple expresión de mi cara le respondió por sí misma y sin esperar palabra alguna, continuó narrando la historia.

 

-Ese fue mi primer trabajo y creo que debido a las buenas reseñas que empecé a conseguir y al precio tan asequible que pedía, me fui haciendo con una buena clientela.

-Que cobrabas? pregunté con miedo, debía comenzar a pensarme bien mis preguntas.

-La voluntad, me pagaron lo que quisieron, yo no lo hacía en verdad por el dinero, era como un bien social, quitar de en medio a tanto  hijo de puta. De hecho, tras liquidar a unos veinte maridos, se me acumulaban las señoras maltratadas y no quise tener lista de espera, eso no se puede permitir en un buen profesional como yo, así que reuní a unos amigos que se aburrían y me ayudaron con el tema. Aunque esté jubilado, me tomo mi trabajo muy en serio.

-Es verdad que fueron mil los maridos asesinados?

-1012, estoy seguro, llevé muy bien la cuenta y se les tuvo que pasar alguno a la prensa y a la policía.

 

Tras contar algunos detalles anecdóticos sobre los trabajos volvimos al inicio de la entrevista, al momento en que fue detenido.

-Sientes rencor por la inspectora de policía que investigó tu caso y que terminó deteniéndote?

-Por supuesto que no, ella a demostrado ser una buena profesional y eso que ser fea en este mundo no te da muchas opciones. Todos piensan que si eres fea, eres menos apta para las tareas que se te van a encomendar. Pero mira, solo ella ha sido capaz de dar conmigo y detenerme.



Capítulo 2: la investigación

Varios ministros del gobierno de ultraderecha abandonaron el consejo de ese día. Se adentraron en una sala "segura", bien vigilada y libre de posibles oídos indiscretos. El tema de los asesinatos de maridos, como lo llamaba la prensa se les estaba yendo de las manos, habían dejado pasar el tema porque políticamente les interesaba, pero claro, ahora podría ser demasiado tarde.

-Déjalo, que siga matando maridos, nos ayuda para cargarnos la ley de violencia contra las mujeres- dijo el secretario del partido nazi del actual gobierno.

-Mira, soy el Ministro del Interior, tengo detrás al fiscal y al Congreso, no hacer nada no es una opción-

-Investiga, pero investiga poco- le contestó.

-Y eso, como se hace?

-Pon algún investigador inútil, a ser posible una mujer y así le echamos la culpa a las políticas de igualdad. !!Joder¡¡ qué buena idea acabo de tener, así sin pensar-, dijo riendo a carcajadas.

 

Ya en su despacho, el ministro llamó a un jefe de policía de su círculo.

-Necesito una investigadora para ponerla al frente del caso de los maridos y a ser posible que sea un poco torpe-, le dijo pidiendo mucha discreción.

-Creo que tengo lo que me pides, déjalo de mi mano-.

 

En la central de policía de Vallecas, sonó por el altavoz : Paqui Callejas, preséntese en la oficina del comisario mayor".

Paqui parecía ser lo que andaban buscando: era mujer, poco agraciada y con poca experiencia  pero para error suyo confundieron fea y novata, con inútil y claro la cagaron.

La tía venia de abuelo y padre policía y bajo su aspecto de mujer poco sexy y mal vestida, se escondía el cuerpo de un pedazo de sabueso de los buenos.

 

En su despacho repleto de expedientes, declaraciones y fotografías, reflexionaba sobre la poca información que tenía: tras tomar declaraciones a todas las desafortunadas mujeres que habían pasado a condición de viudas, no sacó demasiadas conclusiones. Algunas eran mujeres maltratadas, pero en otras no constaba denuncia alguna. Pero había algo que no le colaba. Sabía leer en los rostros de las personas -creo que todas son mujeres maltratadas, me lo dice mi intuición y eso me da un punto de partida-

-¿Y si hubieran contratado un sicario?- pensó. -debería de ser alguien muy bueno, pero esa gente están muy cotizados, son muy caros y la mayoría de ellas no hubiera podido pagar a alguien de ese nivel. Además es un asesino muy fino, deja pruebas para que confundamos un asalto de raterillos o de yonkis, utilizando en los asesinatos  armas burdas, como navajas y piedras-.

Todo volvía al punto de partida: un buen asesino es muy caro y ellas son mujeres de clase media baja, sin patrimonio alguno.

¿Sería acaso una epidemia de mujeres matando maridos?. Esa era la versión oficial del Gobierno. Quizás se estén aprovechando de los asesinatos de hombres para su interés ideológico.

 

Siguió la pista de yonquis y traperos. Nadie sabía nada, pero algunos hablaban de un tipo corpulento, feo, que les robaba papelinas tras pegarles una paliza. Y no quedaba lejos de los sitios donde se cometían los asesinatos. Iba por buen camino.

No fue fácil dar con el anuncio del sicario barato. Le puso un cebo, convenció a una mujer maltratada que había puesto una denuncia y a la que había ayudado a superar su primera paliza. La convenció para contestar el anuncio y contratar al sicario a bajo precio para acabar con su marido.

 -Pero nada de detenerlo hasta que haga su trabajo, que me he gastado los últimos 100€ que me quedaban-, le dijo mientras tomaban café en un bar.

-No te puedo prometer eso- le contestó.

-Si cuando llegaras a casa te dieran una paliza solo porque no le ha gustado la cena, verías tú si no lo dejarías actuar- y llorando se fue corriendo hacia su aciago destino, ese al que se esclavizó cuando un simpático novio se convirtió en un horrible marido.

 

Días mas tarde, simplemente manteniendo vigilancia al marido machista y violento, dio sus frutos: el cadáver del marido yacía en el suelo en el centro de un buen charco de color rojizo. Enfrente del asesinado, Antonio la miró con la navaja trapera todavía en la mano, goteando sangre de suelo.

 

De repente, sin apenas darle tiempo a reaccionar, unas fuertes manos la agarraron del cuello: esa fue la  primera vez que consiguió ver la cara de Antonio, no podía ni hablar, de hecho no podía ni respirar. La presionaba con tanta fuerza que pensó en que en breves segundos moriría.

Pero no terminó de ahogarla, sin explicación alguna la soltó y dejó que cayera al suelo extenuada, tosiendo, intentando llenar los pulmones de aire.

Cuando levantó la cabeza, el asesino se había ido, pero había visto su cara.

-Es feo y parece torpe, el cabrón, pero que fuerza tiene y que listo es. Es que los feos están infravalorados- pensó para sí.

 Una vez con su retrato robot, no fue difícil localizarlo, detenerlo y esposarlo.

 La prensa la idealizó en innumerables artículos, la cubrieron de medallas y  de premios, pero sus superiores la destinaron a la comisaría más cutre del país.

 

 

Capítulo 3: el juicio.

La vista no tardó mucho en celebrarse, el caso se convirtió en un espectáculo para la prensa y el gobierno quería acabar cuanto antes con este tema, así que metiendo manos de fiscales y jueces de su círculo político, aceleró la fecha del juicio.

 

-Que se levante el acusado-, dijo el secretario del juez

Antonio, esposado, con el semblante tranquilo se puso en pie

-Como se declara el acusado?- preguntó tras leerle todas las imputaciones y las penas que se le pedían

-Inocente señoría- respondió con una sonrisa en la cara

En la sala se organizó un ruidoso alboroto, su abogado defensor estaba realmente enfadado, no era eso lo que habían hablado. El fiscal se frotaba las manos y las mujeres maltratadas cuyos maridos habían desaparecido, presentes en la sala del juicio, jalearon al reo con palabras de ánimo.

El juez llamó al orden y citó a las partes para hablar  en privado.

Una vez en su despacho, sentado en su sillón y con los tres hombres sentados frente a él, separados por una mesa de roble ricamente tallada, tomó la palabra

-Me gustaría hablar con Antonio en privado- les dijo

-Me niego-, dijo el abogado defensor.

-Yo también me niego-, replicó el fiscal.

-Antonio, tú qué dices, ¿quieres hablar conmigo en privado?- le preguntó el juez

-Sí, claro, no veo por qué no-, le contestó.

-Me niego, eso no procede, no saldremos de esta sala-,  replicaron al unísono abogado y fiscal.

El juez abrió paciente un cajón y con la misma paciencia, quizás más, haciendo uso de una llave le quitó las esposas al reo ante las caras perplejas de abogado y fiscal.

-Antonio, por favor, saca a estos energúmenos de mi despacho - le pidió sin disimulo alguno.

Cuando vieron a Antonio coger un pisapapeles de la mesa y dirigirse hacia ellos repitiendo las palabras del juez, ¡¡¡salid de aquí mamones, ya habéis oído al juez¡¡¡, no tardaron en salir, con sus caras de desconcierto ante lo inaudito de lo que estaba sucediendo.

 -Ciérrala Antonio y echa el pestillo, si eres tan amable-.

Tras cerrar la puerta tomo asiento de nuevo.

-Usted dirá-

El juez  la acercó una cajita de ébano y la abrió:- ¿un habano?-

Mientras Antonio daba largas y parsimoniosas caladas a su habano recostado en la silla, el juez colocó un portavasos en la mesa para inmediatamente apoyar una copa de whiskey. Y del bueno, con dos rocks de hielo.

-Usted dirá señor juez-, repitió de nuevo después de dar un sorbo a la aromática bebida.

 -Hace dos años mataron a mi hija. Primero la violaron y después la mataron. Los condenaron a tan solo 5 años de cárcel, de los que no cumplirán más de dos con la ley que se tramita en las Cortes y que saldrá aprobada con la mayoría del partido ultraconservador. Ahora cumplen prisión en Alcalá Meco.

-¿ Le gusta Alcalá Meco, Antonio?

-Me encanta Alcalá Meco, señoría- le respondió.

-Haga bien "su trabajo" con esos dos y yo me encargaré de que en poco tiempo salga libre- le propuso.

Antonio levantó la copa de whiskey y tomó otro sorbo, - que bueno que está, ni siquiera imaginaba que un whiskey tuviera esta calidad- comentó.

-Le haré llegar una botella todos los meses, -añadió a la oferta.

-¿Ha dicho a la semana?-

-Si, a la semana- rectificó el juez

El humo del habano subía hacia el techo del lujoso despacho. Le dio varias caladas más sin responder. Cogió la copa y movió el licor y  los hielos,: -Me parece un trato razonable si añade una caja de estos puros junto al whiskey.

-Eso está hecho- afirmó el juez

Levantó a copa para brindar por el acuerdo y se llevó la copa a la boca en señal de trato hecho. Al dejarla meticulosamente apoyada de nuevo en el posavasos para no dañar la pulida madera de la mesa, le contestó: ¿les desea alguna muerte en especial?-.

 

 

FIN

"El jubilado"

Relato corto: humor negro? Autor: Antonio Méndez Campuzano Capítulo 1: asesino.org -la primera vez que me fijé bien en ella, fue después d...